Encuentros de Alicia con el Gato de Cheshire (Alicia en el País de Las Maravillas, 1865, Lewis Carroll).

17/1/2019

Todo el mundo sabe que los gatos son superhéroes. Magos. Guías que nos llevan y nos traen.  Si alguna vez has sospechado que tu gato sabe más cosas de las que parece, que siempre está ahí aunque sólo le puedas ver de vez en  cuando, si a veces te hace plantearte cuestiones filosóficas, te hace pensar, te habla con acertijos, te sonríe y siempre, siempre, te ayuda a salir adelante, quizá el tuyo sea un gato de Cheshire.

¿Por favor, podría usted decirme -preguntó Alicia con timidez, pues no estaba demasiado segura de que fuera correcto por su parte empezar ella la conversación- por qué sonríe su Gato de esa manera?
Es un Gato de Cheshire -dijo la Duquesa-, por eso sonríe. […]
No sabía que los Gatos de Cheshire estuvieran siempre sonriendo. En realidad, ni siquiera sabía que los Gatos pudieran sonreír. 
Todos pueden -dijo la Duquesa-, y muchos lo hacen. 

 

El Gato, cuando vio a Alicia, se limitó a sonreír. Parecía tener buen carácter, pero también tenía 

unas uñas muy largas Y muchísimos dientes, de modo que sería mejor tratarlo con respeto. […]

Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí? 
Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar - dijo el Gato. 
No me importa mucho el sitio... – dijo Alicia. 
Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes - dijo el Gato. 
... siempre que llegue a alguna parte - añadió Alicia como explicación. 
¡Oh, siempre llegarás a alguna parte - aseguró el Gato-, si caminas lo suficiente! […]
¡A ver si dejas de andar apareciendo y desapareciendo tan de golpe! ¡Me da mareo! 
De acuerdo - dijo el Gato. 
Y esta vez desapareció despacito, con mucha suavidad, empezando por la punta de la cola y terminando por la sonrisa, que permaneció un rato allí, cuando el resto del Gato ya había desaparecido. 
¡Vaya! - se dijo Alicia-. He visto muchísimas veces un gato sin sonrisa, ¡pero una sonrisa sin gato! ¡Es la cosa más rara que he visto en toda mi vida!

 

Alicia esperó hasta que aparecieron los ojos, y entonces le saludó con un gesto. «De nada servirá que le hable», pensó, «hasta que tenga orejas, o al menos una de ellas». Un minuto después había aparecido toda la cabeza, y entonces Alicia dejó en el suelo su flamenco y empezó a contar lo que ocurría en el juego, muy contenta de tener a alguien que la escuchara. El Gato creía sin duda que su parte visible era ya suficiente, y no apareció nada más. […]

¿Qué te parece la Reina? - dijo el Gato en voz baja. 
No me gusta nada - dijo Alicia. […]
¿Con quién estás hablando? - preguntó el Rey, acercándose a Alicia y mirando la cabeza del Gato con gran curiosidad. 
Es un amigo mío... un Gato de Cheshire - dijo Alicia -. Permita que se lo presente. 
No me gusta ni pizca su aspecto - aseguró el Rey -. Sin embargo, puede besar mi mano si así lo desea. 
Prefiero no hacerlo - confesó el Gato. 
No seas impertinente - dijo el Rey -, ¡y no me mires de esta manera!.  
Un gato puede mirar cara a cara a un rey - sentenció Alicia -. Lo he leído en un libro, pero no recuerdo cuál. 
Bueno, pues hay que eliminarlo - dijo el Rey con decisión, y llamó a la Reina, que precisamente pasaba por allí -. ¡Querida! ¡Me gustaría que eliminaras a este gato! 

Para la Reina sólo existía un modo de resolver los problemas, fueran grandes o pequeños. 

¡Que le corten la cabeza! - ordenó, sin molestarse siquiera en echarle una ojeada. 
Yo mismo iré a buscar al verdugo - dijo el Rey apresuradamente. […]

La teoría del verdugo era que resultaba imposible cortar una cabeza si no había cuerpo del que 

cortarla; decía que nunca había tenido que hacer una cosa parecida en el pasado y que no iba a 

empezar a hacerla a estas alturas de su vida. La teoría del Rey era que todo lo que tenía una   cabeza podía ser decapitado, y que se dejara de decir tonterías. La teoría de la Reina era que si no solucionaba el  problema inmediatamente, haría cortar la cabeza a cuantos la rodeaban. (Era esta última  amenaza la que hacía que todos tuvieran un aspecto grave y asustado.) A Alicia sólo se le ocurrió decir: 

El Gato es de la Duquesa. Lo mejor será preguntarle a ella lo que debe hacerse con él. 
La Duquesa está en la cárcel - dijo la Reina al verdugo -. Ve a buscarla. 

Y el verdugo partió como una flecha. La cabeza del Gato empezó a desvanecerse a partir del momento en que el verdugo se fue, y, cuando éste volvió con la Duquesa, había desaparecido totalmente.

 

(Encuentros de Alicia con el Gato de Cheshire - Alicia en el País de Las Maravillas, 1865, Lewis Carroll).